Federico Romero es el visualizador de los vigías de Banda del Río Salí.

El 1 de agosto de 2012 Federico Antonio Romero perdió el control de su moto Zanella XR150 y cambió su vida para siempre. El accidente le causó lesiones irreversibles en su columna y los médicos le dieron un diagnóstico desolador: había quedado parapléjico y debía hacerse a la idea de que iba a estar en una silla de ruedas por el resto de su vida.

Tenía apenas 18 años y estaba lejos de pensar que trabajaría en un centro de monitoreo de seguridad, desempeñándose, desde hace tres años, como “visualizador”: su trabajo consiste en detectar cualquier delito o irregularidad en la calle durante su horario de trabajo. Un asalto, un accidente, una pelea vecinal, una situación de violencia de género que él detecte durante su turno debe ser comunicada sin demora a sus compañeros en el centro de Vigías de la Banda del Río Salí que coordina el Secretario de Seguridad Marcelo Moreno.

“Volví a vivir, lo digo sin vueltas. Hace tres años sentía que era un inútil que no tenía posibilidades. Yo hacía changuitas en un vehículo para sobrevivir: después del accidente ni eso me quedó. Nosotros somos siete hermanos en casa. Buscaba desesperado trabajo en muchos lugares sin suerte. A mí, un encargado de un súper me dijo que mi problema era la silla de ruedas, que no podía darme un puesto por eso. Sentía simplemente que no encajaba en nada”, explica Romero.

El joven intentó estudiar arte. Hizo dos años de la licenciatura hasta que se encontró con un obstáculo infranqueable en la Facultad de Arte. “El tercer año debía hacerlo en un quinto piso de un edificio que no tenía escaleras. Ahí tiré todo”, dice Federico, que viste su uniforme, una campera con la leyenda que identifica sus funciones. Debe cumplir seis horas en turno rotativo-mañana, tarde o noche- en el centro de monitoreo al que llega con su auto Chevrolet Corsa modelo 2011 que tuvo que ser adaptado a su condición. Siempre llega unos minutos antes a la esquina de Independencia y San Martín: sus compañeros lo ayudan a bajar del auto y se mete de lleno en su tarea.

“Ves de todo. Problemas en el tránsito, agresiones entre conductores, peleas entre vecinos por el ruido de la música. Hay que estar atentos a todo. A veces llegan personas desesperadas a hacer una denuncia y las tenés que contener. Todo eso forma parte de lo que hago. Pero muchas veces pasan cosas que te sentís impotente. Lo más feo que me pasó fue registrar un asalto en el que le robaban a dos chicas una motocicleta. Avisé de inmediato a mis compañeros vigías y la motocicleta se recuperó por suerte. Tenés que hacer todo muy rápido”, dice el joven.

Romero cuenta que se acordó de sus hermanos cuando vio aquel asalto: “se me representó el sacrificio que debían haber hecho esas chicas para comprar esa moto”.

Para desempeñarse donde está, Federico debió hacer el curso de capacitación obligatorio de informática y otro especial, vinculado con tecnología de seguridad y la manipulación de los equipos técnicos que sirven para registrar lo que pasa en las calles de Banda del Río Salí. “Una vez visualizada una situación, puedo focalizar la imagen y hacer un seguimiento con otras cámaras, si hay una situación de fuga, por ejemplo”, dice Federico. Algo bastante más significativo de lo que imaginó hace unos años.

“Estaba en mi casa tirado, sin esperanza, sufriendo lo que cualquier persona en mi condición puede pensar. Debe haber muchos por ahí, sintiéndose de esa manera. A ellos les digo que siempre deben pensar: por ahí hay otro que está peor que yo.  No bajen los brazos. De esa forma salís, te adaptas a la situación que te toca transitar. Yo no nací en una silla de ruedas. No digo que lo superé pero uno aprende a vivir con lo que le tocó”, afirma.

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